¿Cómo superar la nostalgia durante un año escolar en el extranjero?

Berta Corbacho
14/04/22 12:13

Todos recordamos a Karina cantando El baúl de los recuerdos al son de “cualquier tiempo pasado nos parece mejor…”. Pues bien, esta sería la descripción más popular de la nostalgia; aquello que anhelamos y que recordamos de forma positiva. Si lees esto probablemente estés a punto de entrar en ese proceso de separación que nos provoca sentimientos de pena, tristeza y melancolía por sentir la lejanía de tu hij@.

Índice

Echar de menos es recordar

Y de esto tiene culpa nuestro cerebro, aquello que se encuentra en el hipocampo. Echar de menos es, de hecho, recordar y construir la memoria. Porque de eso se trata, del sistema de recompensas de nuestro cerebro que almacena esos recuerdos en la memoria y los rellena con lo que le interesa - mayormente aspectos positivos-. Por ejemplificarlo, cuando terminamos una relación sentimental, a lo largo de los años acostumbramos a echar de menos a esa persona e idealizarla recordando solo las partes bonitas y enmascarando lo que no nos interesa: lo negativo. Ese es un tópico, pero también nos ocurre con lugares y sobre todo etapas de nuestra vida, ¿a quién no le gustaría volver a vivir una época anterior?

En el momento en que alguien nos recuerda que nuestr@ hij@ va a pasar un año escolar en el extranjero verbalizamos acto seguido el “te voy a echar de menos”, anticipando un sentimiento de tristeza al que estamos seguros y seguras que nos vamos a sentir sometidos, dado que ya lo hemos pasado antes. Aquí actúa la memoria de nuevo.

Este período donde vuestr@s hij@s se marchan a estudiar un año escolar en el extranjero supone un cúmulo de emociones contradictorias; por un lado la felicidad por todo lo que conlleva la experiencia, y por otro, la tristeza que genera esta separación física. Y digo física porque los tenemos lejos, pero los sentimos cerca. Es un tema de perspectiva.

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Consejos para prevenir la nostalgia

Con esto quiero decir que es un reto complicado para ambas partes, pero el que se marcha suele estar ocupado con la adaptación a las nuevas rutinas y el que se queda, debe adaptarse a las mismas rutinas con una ausencia, de modo que el impacto es mayor. Es por eso que os daremos pequeños consejos para que los tengáis en cuenta en el momento de comunicaros. Por el momento empezaremos con los siguientes:

  • Valida sus emociones, tanto las positivas como las negativas: hay que entender que a veces pueden surgir pensamientos negativos en torno a la decisión tomada así que escucha y trata de mostrar tu comprensión para que se sienta apoyad@.
  • Refuerza positivamente su valentía, remarcando que su nuevo viaje es algo extraordinario y la decisión de hacerlo es también suya. 
  • Remarca sus capacidades y habilidades: ayúdale a aumentar su autoestima y autoconfianza para que las recuerde cuando esté en un contexto nuevo y pueda explotarlas aún más.
  • Anticipa: los padres son el principal agente educativo y esto los convierte en los máximos conocedores de sus reacciones. Si sabéis que vuestr@ hij@ tiende a tener ansiedades u otras emociones que puedan perjudicar, ayúdale a anticiparse y prepararlas juntos.
  • Evita mostrar tu ansiedad: esto suele ser complicado, pero es importante que nuestr@s hij@s noten el optimismo y no la pena que podéis sentir por su marcha.

En definitiva, no existe la poción mágica para prevenir la nostalgia pero sí maneras de desintensificar esas emociones negativas y lidiar con ellas. Debemos entender de alguna manera, que la nostalgia es el producto de la fuerza de nuestro apego; esto es, si no estuviéramos apegados a las cosas, no las echaríamos de menos y entonces no nos haría falta nada.

El síndrome del nido vacío

Por tu lado, mantente ocupado, embárcate en nuevas rutinas y en dedicar tiempo a esas cosas de las que normalmente te quejas que no puedes hacer y comparte tu experiencia y tus inquietudes con otras personas. Y en cuanto a vuestr@ hij@, tranquilízale, evita que dude de sí mism@, permítele expresar sus inquietudes, miedos e inseguridades proporcionándole una escucha activa. No debemos subestimarles, ell@s necesitan sentir que sus figuras más relevantes confían en él/ella y en su capacidad para vivir esta oportunidad sin inconvenientes.

Temiendo a que esto suene contradictorio, “llorar está permitido” y las lágrimas son el mayor analgésico natural que existe. Existen días de todo tipo y cuando el drama acompaña esto se nos complica. No hay que sentirse mal por explotar y exteriorizar, siempre que venga acompañado de un pensamiento reflexivo cargado de pensamientos positivos.

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Entrenar el adiós

Como hemos dicho, existen muchas formas de trabajar las emociones pero es un trabajo propio e individual al que debéis estar preparados. ¿Qué hacemos cuando sabemos que vamos a tener ese sentimiento? Una idea, llenad esa memoria de la que hablábamos con recuerdos nuevos, exprimiendo los momentos previos a la salida para compartir experiencias y momentos juntos. 

De forma semejante, el momento de la despedida también se puede llegar a trabajar, anticipando ese momento; el aeropuerto, la hora de salida, las horas de vuelo… Incluso preparar un grupo de despedida para sentirte más apoyad@ cuando estén lejos. Las penas compartidas son menos penas, ¡o eso dicen! De modo que también existe la posibilidad de conectar con otras personas que se encuentren en esa misma situación.


Definitivamente, la nostalgia no es signo de debilidad, es esencial para darnos cuenta de las cosas bonitas que nos ha dado la vida y valorarlas, si se puede, aún más. Enviar a nuestr@ hij@ a estudiar un curso escolar en el extranjero sería una buena manera de reconocer y dar consciencia a ese sentimiento para superar la nostalgia.

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